ARTÍCULO – ¿Cómo aprender a ser más paciente?

ARTÍCULO – ¿Cómo aprender a ser más paciente?

¿QUÉ ES LA PACIENCIA?

Si bien no es un constructo muy popular en psicología, considero que aprender sobre la paciencia, lo contrario a la impaciencia, puede ser de mucha importancia, especialmente para aquellas personas que buscan optimizar su rendimiento cognitivo y sus capacidades psicológicas en sus actividades cotidianas. Primero quiero empezar contándote qué significa ser paciente y por qué es importante adquirir esta habilidad. Luego voy a mostrarte qué situaciones nos pueden llevar a ser impacientes y cuál podría ser un camino inapropiado para lograr adquirir paciencia. Por último, voy a proponerte una serie de pasos o principios que te van a ayudar a proceder con paciencia. Estoy convencido de que esta habilidad te ayudará a desarrollar estrategias más eficaces para afrontar aquellas situaciones en las que la impaciencia suele quitarte el “control de mando” de tus comportamientos.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA PACIENCIA?

La paciencia es un concepto que muy habitualmente utilizamos para comunicarnos en la vida cotidiana. Imaginemos por ejemplo una conversación en la que un compañero de trabajo comenta en una charla informal que está interesado en aprender un nuevo idioma y pide consejos sobre cuál es el método más efectivo para lograrlo (por ejemplo, tomar un curso con un profesor, comprar un aplicativo, viajar donde se hable ese idioma, etc.). Es bastante probable que muchos den sus propias opiniones, sugieran una u otra acción a seguir, recomienden evitar tal o cual otra, pero independientemente de lo que cada uno diga casi todos estarán de acuerdo en que deberá tener paciencia, que un idioma no se aprende de un día para otro, que habrá momentos en los que avanzará mucho y otros en los que tendrá que esperar para ver avances significativos. Así también podemos imaginar muchas otras conversaciones análogas tales como cuando alguien debe aprender un nuevo oficio, adaptarse a una nueva forma de trabajo, aprender a conducir, cambiar el método de estudio en la universidad, empezar a hacer actividad física, etc. En cada uno de estos casos casi siempre se llegará al acuerdo de que la paciencia es un elemento importante para llegar a buen puerto. Incluso si alguien manifiesta que durante el desarrollo de alguna de estas habilidades se está poniendo impaciente, naturalmente surgirá la idea de que debe calmarse, saber esperar, serenarse y perseverar sin “perder la cabeza”. En fin, no importa lo que hagas habrá de hacerlo con paciencia.

En todos estos casos, expresar que se debe tener paciencia presupone que todos sabemos que el logro de un resultado esperado luego de la aplicación de una acción determinada no es algo inmediato, que el éxito de nuestras acciones requiere tiempo y que ese tiempo muchas veces es mayor al que querríamos o desearíamos.

También podemos, intuitivamente, saber que no debemos juzgar el resultado de nuestras acciones por la consecuencia inmediata, que muchos procesos requieren tiempo y que volvernos impacientes puede empeorar las cosas. Sin embargo, te debe pasar como a la mayoría de las personas que la vida en el mundo de hoy (particularmente en ciudades urbanizadas) exige y reclama que atiendas a múltiples y variadas demandas. Posiblemente te pase que escuchás y recibís múltiples mensajes explícitos o implícitos que te hagan sentir que tenés que alcanzar logros y resultados en el corto plazo; el mundo pareciera decirte que tus esfuerzos debieran traducirse en gratificaciones tangibles e inmediatas: Empezás con una dieta y si a la semana no se notan los resultados en la balanza, eso te  hace pensar que entonces no sirve, si duplicás las horas de entrenamiento esperás mejorar tu rendimiento en la próxima competencia, si dedicás más horas a estudiar para la universidad tendrías que obtener mejores calificaciones en las próximas evaluaciones; y cuando tales resultados no se obtienen tu esquema de creencias te hará pensar que tus esfuerzos han sido en vano. En esto hay algo curioso, porque incluso aunque una voz interna te diga que el esfuerzo de todos modos valió la pena, la fuerza de la creencia de que era necesario obtener un resultado positivo luego del esfuerzo, suele prevalecer. Como consecuencia, aparecerán ideas que te dirán que tal vez debas abandonar tales esfuerzos, que el esfuerzo fue en vano, entre otras.

Llegados a este punto posiblemente hayas advertido la contradicción que se presenta cuando, por un lado vemos que en múltiples ocasiones debemos ser pacientes para esperar los resultados deseados y, por otro lado, nos sentimos empujados a juzgar o valorar nuestros esfuerzos por las gratificaciones obtenidas en el corto plazo. En otras palabras, sabemos que en muchas ocasiones debiéramos ser pacientes, esperar con calma para obtener un determinado logro, superar un hecho adverso o situación de sufrimiento y, por otra parte, estamos inmersos en un modelo social que no ve con buenos ojos la espera de las gratificaciones y recompensas por nuestros esfuerzos. Este dilema, seamos conscientes o no, está constantemente presente y pone a prueba muy frecuentemente nuestra habilidad para ser pacientes. Veamos entonces, en qué consiste específicamente tener paciencia y qué podemos hacer para adquirirla.

En el año 2012, Sarah Schnitker  de Pasadena School of Psychology publicó un estudio muy interesante en el que se compararon dos grupos, uno recibió un entrenamiento para mejorar la paciencia y el otro no. El entrenamiento consistió en: ejercicios para mejorar la conciencia sobre las emociones positivas y negativas, prácticas de meditación, aprendizaje de estrategias de regulación emocional, ejercicios para mejorar el afrontamiento de situaciones de estrés interpersonal, desarrollo de la empatía y la compasión. También se enseñaron estrategias de manejo de la frustración y el cambio de perspectiva sobre determinadas situaciones. Los resultados obtenidos mostraron que el grupo que recibió el entrenamiento logró incrementos significativamente superiores al otro grupo tanto en paciencia como en bienestar. Esto indica que la paciencia puede ser entrenada y mejorada.

La misma investigadora afima que “A las personas pacientes les resulta más fácil y más satisfactorio la búsqueda de objetivos para alcanzar un mayor bienestar, especialmente cuando deben enfrentarse a dificultades y obstáculos”

¿CÓMO SE DEFINE A LA PACIENCIA?

Probablemente tengas el concepto de paciencia en mente de manera casi cotidiana, aun así, te puede pasar que si tratás de definirlo con precisión te resulte difícil.

Voy a tratar de definir qué es y por qué es importante desarrollar esta habilidad. Hay una definición que dice que tener paciencia significa esperar con calma frente a la adversidad, frustración, o sufrimiento; o como me gusta definirla a mí: esperar con calma la ocurrencia de una serie de eventos hasta conseguir el mejor resultado posible. Como se puede observar, ambas definiciones hacen referencia a la espera con calma. Esto que podría parecer algo muy obvio y elemental esconde una enorme complejidad que es necesario descomponer, entender y saber elaborar. Este concepto requiere incorporar múltiples conocimientos que la psicología y la neurociencia disponen para que puedas desarrollar esta habilidad. Sin embargo, este conocimiento disponible, no siempre resulta accesible si no formás parte del público especializado en estas disciplinas, lamentablemente, desde mi punto de vista la ciencia sufre de una total inoperancia en lo que es el departamento de “marketing y publicidad”, esto hace que hay un gran hueco entre lo que la ciencia sabe y lo que el público general recibe. Parte del objetivo de este artículo será presentarte algunas ideas básicas y en un lenguaje simple, conceptos y estrategias que te permitirán adquirir nuevos hábitos con los que afrontar los momentos que requieren que seas paciente.

La capacidad de esperar con calma, se vé afectada por múltiples variables, tal como encontraron Buehler Griffin, y MacDonald, 1997, y Byram, 1997 en dos estudios, los que los participantes que recibieron un incentivo monetario para realizar una tarea más rápido subestimaron en mayor medida el tiempo que les tomaría completar la tarea, es decir aumentaron su impaciencia. Sin embargo, el incentivo no tuvo ningún efecto en la velocidad y el tiempo real con el que tardaron verdaderamente en realizar la tarea. Por lo tanto, a mayor incentivo por terminar rápido una tarea, mayor subestimación del tiempo que requerirá su realización y menor la paciencia que se experimentará.

Lo primero que quiero que tengas en cuenta es que la paciencia es una conducta activa o mejor dicho proactiva, ya que esperar con calma no es lo mismo que otras formas de esperar. Por ejemplo, todos tenemos en mayor o menor medida la capacidad para inhibir ciertos impulsos que se activan frente a determinados estímulos, como ser, ver y querer comerme una barra de chocolate siendo que me encuentro haciendo una dieta hipocalórica. Quizás en esa situación puedas evitar caer en tal tentación y abandonar la idea de agarrarla y comerla, pero seguramente vas a sentir ansiedad, frustración o irritabilidad. Tu mente se enfrenta a un dilema muy elemental, si te comés la barra de chocolate obtendrás una sensación agradable cercana a la felicidad, sin embargo, si no la como y mantengo mi dieta obtendré una satisfacción más lejana en el tiempo que será por ejemplo sentirme más saludable o estéticamente más conforme con mi cuerpo. Como habrás observado, inhibir el impulso, no conduce directamente a lo que la definición de paciencia refería como esperar con calma. Esto explica que aplicar la paciencia no es lo mismo que saber inhibir un impulso. Son dos procesos diferentes: Inhibición significa simplemente poder esperar o dejar pasar una emoción, pero no necesariamente con calma, en cambio, la paciencia es un comportamiento proactivo, un proceso que requiere de una serie de acciones que te permitan alcanzar y mantener esa calma.

Desde el punto de vista del funcionamiento de nuestro sistema neurofisiológico, el cerebro actúa diferente cuando intentamos inhibir un impulso respecto de cuando intentamos actuar con paciencia. En el caso de la inhibición utiliza principalmente una zona conocida como la corteza orbitofrontal (que es la parte inferior de la corteza prefrontal). Esta zona del cerebro trata de frenar los impulsos que vienen de la región del cerebro donde se activan nuestras emociones (nuestro “cerebro emocional”, encargado de generar las conductas automáticas). En cambio, para la paciencia se activan varios centros de la corteza prefrontal que de manera estratégica van desactivando este cerebro emocional para reorientarlo hacia una determinada emoción, en lugar de intentar “frenarlo”.

Para entenderlo mejor, podemos compararlo con el funcionamiento de un auto. El acelerador del auto aumenta la velocidad de modo análogo a como el cerebro emocional activa una determinada emoción. Si en un determinado momento nuestro auto se acelerara de forma automática, tendríamos dos alternativas, una es la de intentar frenarlo (inhibición) y la otra es la de desacelerar el auto y redirigirlo con calma hacia un determinado sitio (paciencia). Algo que siempre explico en el consultorio es que la corteza orbitofrontal tiene una energía limitada, y al agotarse pierde toda la capacidad de frenado. Entonces,  para regular nuestras emociones, el problema de seguir esta estrategia de frenado es que, si el auto no deja de desacelerarse, los frenos se recalentarán y tardo o temprano dejarán de funcionar, algo que haría que nuestro auto incrementara su velocidad de modo descontrolado. Este es el caso de la aparición de conductas impulsivas tales como los conocidos “atracones” de comidas. Por lo tanto, debemos “enseñarle” a nuestro cerebro a utilizar la estrategia de desactivación del cerebro emocional, algo que involucra el desarrollo de habilidades de paciencia. Este modo de funcionamiento se denomina “Funciones Ejecutivas”, constructo muy interesante que describiré en futuros artículos.

TE PROPONGO QUE LA CLASIFIQUES A LA PACIENCIA EN TRES TIPOS:

1) Paciencia en situaciones difíciles de la vida, tales como cursar una carrera universitaria, transitar un duelo, afrontar una enfermedad grave o crónica, trabajar en un proyecto personal, entre muchos otros,

2) Paciencia en relaciones interpersonales, por ejemplo cuando estamos obligados a lidiar con personas difíciles en un trabajo, en la familia, en el vecindario, también cuando tenemos que mejorar una relación en una pareja, amistad, vínculo familiar, y

3) Paciencia en la vida cotidiana, como ser realizar trámites, emprender un viaje, afrontar climas adversos, administrar nuestras finanzas, esperar resultados de exámenes, etc.

Veamos ahora un caso en el que se pone de manifiesto la necesidad aplicar estos tres tipos de paciencia. Luciano tiene 36 años y trabaja en una institución pública en el área de las relaciones institucionales. Estudió relaciones internacionales y tiene un máster en gestión de negocios (MBA). Su meta profesional es tener un emprendimiento propio, pero aún no ha podido comenzar con este proyecto debido a que ha tenido diferentes problemas familiares que lo han obligado a continuar con su trabajo en relación de dependencia, algo que le asegura un sueldo mensual y algunos otros beneficios. Luciano llega a la consulta desmotivado, agotado y algo deprimido. En la consulta relata varias situaciones donde ha tenido que frenar emociones negativas en su trabajo.

Por ejemplo, cuenta que su jefa suele asignarle tareas de cadete, como ser mandarlo a comprar facturas y organizar la sala para las reuniones. En otras ocasiones tiene que asistir a reuniones muy tediosas y aburridas donde suele quedarse en silencio y haciendo un gran esfuerzo por no poner de manifiesto su mal humor o aburrimiento. Se siente inútil, considera que sus tareas no tienen sentido ni ningún impacto institucional, pasa horas haciendo actividades repetitivas y tediosas como llenar documentaciones y otras tareas burocráticas de ese tipo. No es difícil imaginar que Luciano, en los años que tiene este trabajo, ha tenido que inhibir gran cantidad de emociones, lo que lo ha llevado a sentirse muy cansado y desgastado.

Por otra parte, sabe que si se niega a los pedidos de su jefa o la confronta puede perder el beneficio de la flexibilidad de horarios que actualmente goza, tendría que pasar más horas en la oficina y no tendría tiempo para estudiar. Él ha aprendido que “frenarse” le evita empeorar sus problemas, lo que aún no ha podido resolver es manejar el enorme desgaste que esto conlleva. Luciano necesita aprender habilidades de paciencia, en lugar de frenar o inhibir, deberá aprender estrategias para aumentar el bienestar de la espera hasta poder iniciar su emprendimiento personal. No se trata de adoptar una postura pasiva de espera, ni de aprender a controlarse constantemente frente a las múltiples situaciones que lo desgastan; ser paciente como dijimos es una actitud proactiva.

¿CÓMO DESARROLLAR HABILIDADES PARA SER MÁS PACIENTES?

Saber qué no es lo mismo que saber cómo. Uno de los aprendizajes más fascinantes en mi carrera fue conocer que las habilidades psicológicas o mentales se entrenan de la misma manera que una habilidad deportiva, y la paciencia no es una excepción. Recuerdo en mis años de colegio secundario cuando entrenábamos para handball, que la práctica tenía una secuencia muy definida. El profesor siempre repetía la misma sucesión de acciones: nos ponía en fila (dejábamos de hacer otras actividades), nos explicaba el ejercicio (parte teórica), lo mostraba (modelaba la acción con un ejemplo), lo hacíamos (ejecutábamos la acción), lo practicábamos varias veces (repetición de la acción), y nos corregía (nos ofrecía retroalimentación). Aún tengo la memoria del desgaste en el hombro que me significaba tirar una y otra vez con fuerza al arco.

En este contexto de la práctica de un deporte, a nadie se le ocurriría que alcanzaría solo con la explicación verbal para que dominemos la técnica. Sin embargo, por alguna razón, en el mundo de la paciencia (y en muchos otros dominios psicológicos) solemos creer que sólo con la teoría alcanza, o lo que es peor, que con conocer la causa profunda de por qué no somos pacientes, bastará para que aprendamos a serlo. Si entrar en discusiones teóricas, lo que te estoy proponiendo es que el primer paso para manejar tu paciencia es que la pienses como una habilidad que tenés que entrenar, más precisamente una habilidad cognitiva.

Otra distinción que es importante considerar es que tampoco es útil pensar a la paciencia como una virtud moral. Las virtudes morales incluyen conductas que se eligen cumplir o no. En cambio, en el caso de la paciencia no alcanza con una decisión única, sino que para adquirirla es necesario que cumplas una secuencia, al igual que los pasos que me hacía hacer mi profesor de gimnasia cuando nos entrenaba para jugar al Handball. Te voy a proponer una serie de pasos que si los entrenás vas a lograr generar los comportamientos y estilos de afrontamiento que se requieren para adquirir esta habilidad para tener paciencia.

Una última aclaración antes de ver la secuencia de pasos. El entrenamiento de esta habilidad es contexto-dependiente. Esto es, la paciencia depende siempre de una situación o entorno particular. En mi caso, podría pasarme de ser enormemente paciente con mis pacientes, pero no necesariamente pueda aplicarlo con mi madre, con quién podría mostrarme super impaciente. Con esto quiero decirte que el entrenamiento debe ser pensado y focalizado en un área o dominio de tu vida; nadie se vuelve paciente para todas y cada una de las situaciones posibles. Probá con un área de tu vida, luego, podés extenderlo a otros ámbitos, pero recordá que siempre puede haber una persona o situación que sea tu “criptonita” y desactive todos tus poderes.

UN POSIBLE MODELO ENTRENAMIENTO DE LA PACIENCIA

Hay varios modelos de entrenamiento para desarrollar la paciencia. El modelo que te voy a recomendar en este caso consiste en 5 pasos. Si bien el modelo en su conjunto es una construcción teórica, cada uno de los pasos tiene sustento empírico, esto es, cuenta con investigaciones que probaron su eficacia.

En las próximas semanas continuará. Subiré un post respecto de las habilidades para desarrollar la paciencia. Espero tus comentarios.

 

Autor: Dr. Gabriel Brenner.

Edición. Lic. Adrián Margni.

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